domingo, 16 de noviembre de 2014

Recital en el Nuevo Colombino

En un contexto de bajas importantes para el centro del campo como las de Fabregas, Iniesta y Silva; tenía que aparecer la figura de Isco Alarcón. Tenía que aparecer Isco por el gran nivel que venía dando en el último mes con el Real Madrid, el mejor desde su llegada al club blanco, que llegó a abrir un debate entorno a si Ancelotti debía relegar a Bale a la suplencia para dar continuidad al malagueño en el once. Y tenía que aparecer porque sobre él hay puestas muchas esperanzas de cara al futuro de la selección.

El partido de España fue cómodo, muy cómodo. Bielorrusia salió a encerrarse atrás desde el primer minuto, sin realizar ni el más mínimo amago de presión sobre los centrales españoles. Por esa la salida de balón, que había sufrido algo en los últimos partidos, fue tan fluida y sencilla. Era un partido fácil, donde el único peligro era que los bielorrusos lograran enlazar dos pases seguidos y coger por sorpresa a La Roja en una contra, pero también era ese tipo de partido donde el juego del equipo puede ser muy criticado. No es la primera vez que España sufre lo impensable para poder marcar el primer gol ante un equipo que se encierra a cal y canto, o que ya simplemente sufre para poder crear peligro. Pero esta vez no fue así gracias al esquema elegido por Del Bosque y, sobre todo, al partido de Isco.

Isco fue el creador de juego y el mejor del partido. (Foto: sefutbol.es)

Isco partió desde la banda izquierda en un 4-4-2. Es decir, jugo como vino haciendo en el Real Madrid este último mes. No tuvo que realizar un desgaste defensivo considerable porque el partido no lo requirió, por lo que estuvo más fresco en ataque. Decimos que partió desde la banda izquierda porque tuvo mucha libertad para moverse por todo el frente de ataque sin tener que estar fijado a la línea de cal. El malagueño buscaba recibir en posiciones peligrosas, y lo hacía. Al momento dos o tres jugadores bielorrusos salían a marcarlo, lo que suponía que ya se había generado un espacio. Esa capacidad que tiene el jugador del Real Madrid para aglutinar adversarios y luego superarlos mediante regates es increíble, al alcance de muy pocos jugadores, y fue de mucha ayuda para La Roja. Cuando se veía rodeado por defensas, daba el balón al jugador más cercano a él que era, casi siempre, Koke. Porque esa es otra, su manera de aguantar el balón permitía que el doble pivote pudiera jugar muy adelantado encerrando todavía más al contrario. Y así era como Koke y Busquets recibían cerca de la frontal con la única misión, si no buscaban un disparo lejano, de entregar el balón al compañero que se encontraba solo. Pero la posición adelantada de los mediocentros no solo favorecía al ataque, sino que también lo hacía a la defensa. Cuando España perdía el balón, ya estaban los dos centrocampistas para tapar líneas de pase y recuperar un gran número de balones. Así llegó el primer gol. Koke recupera en la frontal, se la da a Isco y este, con un disparo magistral que se cuela por la misma escuadra, pone el 1-0 en el marcador.

No tardaría España en hacer el segundo y sentenciar el encuentro. Casi a la jugada siguiente del saque de centro por parte de los bielorrusos, Juanfran recorrió la banda para dejar atrás a Busquets. El jugador del Barcelona, no muy propenso a disparar desde fuera del área, no se lo pensó dos veces y, con algo de fortuna al golpear su disparo en un jugador, puso el 2-0 en el marcador del Nuevo Colombino. A partir de ahí comenzó el recital de Isco, en realidad había empezado casi con el pitido inicial, que deleitó a todos los aficionados onubenses, los cuales lo despidieron con una ovación al ser substituido. El malagueño se creció, y cada acción suya reflejaba la magia que tiene su fútbol y levantaba a más de uno de su asiento. En una prueba bastante importante para él por la ausencia de jugadores tan importantes como los mencionados al principio del articulo, cumplió con creces las expectativas y no dejo a nadie indiferente.

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