Secciones

jueves, 5 de febrero de 2015

Se acabó el sueño

Guinea Ecuatorial, tanto la selección como el país, llegaba al encuentro de hoy con las ganas y la ilusión de poder hacer historia. En realidad ya la habían hecho, por primera vez iban a disputar unas semifinales de una Copa de África, pero no querían quedarse ahí. Para ello deberían superar a Ghana, un combinado claramente superior. La gente era realista, iba a ser muy complicado, pero aun así nadie perdía esa ilusión de la que hablamos. Quizá tantas ganas e ilusión no fueron buenas, ya que los jugadores del Nzalang saltaron al césped muy acelerados, revolucionados, y eso no les permitió realizar su juego ya que en más de una ocasión se precipitaron. Aun así contuvieron bien a Ghana durante todo el primer tiempo, sin sufrir exageradamente en defensa y llegando de vez en cuando con cierto peligro en ataque. Ghana basaba sus ataques en balones en largo a la espalda de la defensa, muy adelantada en algunas ocasiones, pero esos envíos siempre acababan en las manos de un atento Felipe Ovono. Bueno, así acabaron todos menos uno. En uno de esos envíos Appiah, que tiró la diagonal muy solo, llegó al balón antes que el guardameta ecuatoguineano y provocó un penalti. Un penalti claro, y que sería transformado por Jordan Ayew. Esto sucedería entorno al minuto 42, un duro golpe recibir un gol antes del descanso. Pero más duro sería recibir el segundo en el 45, tan solo tres minutos después. En un córner favorable a Guinea, Las Estrellas Negras interceptaron y salieron rápido a la contra. En un abrir y cerrar de ojos pasamos de lo que pudo haber sido una ocasión para la anfitriona a un contraataque muy peligroso de los ghaneses. La cosa no terminó bien y Atsu, después de conducir desde el centro del campo y marcar muy bien los tiempos, cedió para Wakaso que, amago incluido, batió fácil a un Ovono que poco podía hacer.

Ghana volverá a jugar una final 5 años después.

En apenas tres minutos pasamos de un partido igualado a uno sentenciado, y así se llegó al descanso. Descanso que trajo malas noticias, ya que los jugadores ghaneses tuvieron que abandonar el estadio escoltados por la policía ante el comportamiento de los aficionados. En la segunda parte Ghana se dedicó a ralentizar el ritmo del encuentro manteniendo la posesión. Mientras, Guinea buscaba una remontada heroica y casi imposible. De hecho no tuvieron casi ningún acercamiento con peligro, y los pocos de los que dispusieron no los aprovecharon bien. Quien si aprovecharía sus ocasiones fue Ghana que, en una jugada muy parecida a la que provocó el penalti, puso el 3-0 en el marcador por medio de Andre Ayew. Y es que casi todos los ataques ghaneses acababan con un pase al espacio hacía el desmarque de uno de los cuatro de arriba, el cual siempre entraba muy solo. Y a partir del gol de Ayew comenzaron los problemas. Bueno, en realidad no sé si antes ya hubo problemas. El caso es que los aficionados ecuatoguineanos comenzaron a lanzar objetos al campo -en la retransmisión se pudieron apreciar botellas de agua de 1,5L- provocando la interrupción del encuentro durante un instante. La cosa no fue a más, aunque si que se siguió viendo algún que otro objeto cayendo al césped, y se reanudó el partido. Pero más adelante, a solo cinco minutos del final, el arbitro se vio obligado a volver a interrumpir el encuentro. Esta vez sería por el saltó de la afición ghanesa al terreno de juego, producida por una serie de agresiones hacía ellos por parte del publico local. Sería un grupo entorno a las mil personas, las cuales se instalaron detrás de la portería de Ovono. Al final, tras casi media hora de parón y con un helicóptero sobrevolando el estadio para desalojar ciertas zonas, se reubicó a los espectadores en otra zona de las gradas. Se reanudaría el partido, pero sería un simple tramite al jugarse tan solo tres minutos y no desde el minuto en el que se había parado.

Se acabó el sueño ecuatoguineano y, por desgracia, no con una buena imagen. Todo lo que habían logrado los futbolistas sobre el césped en casi un mes, lo han manchado los aficionados en tan solo un día. Incluso se podría decir que una hora les bastó para ensombrecer esa actuación histórica de su país en una CAN. Una pena la verdad, pero ahora esta edición se recordará por este encuentro. Y no por la gran labor de la organización, que preparó todos en poco más de un mes para dar salida a una competición que estaba al borde de la suspensión ante la falta de una sede. Ahora solo queda la consolidación del tercer y cuarto puesto, ese partido que nadie quiere jugar, donde optan a entrar en el podio y despedirse con buen sabor de boca del torneo. Ghana, por el contrario, afrontará su novena final -es la selección que más finales ha disputado- con el objetivo de ganar su quinto titulo y el primero desde el año 1982. Al final ha quedado una final bastante apetecible, que revivirá la del 92. En aquella ocasión fue un partido bastante gris, decidido en una tanda de penaltis en la que se llegó a los 24 lanzamientos y que proclamó a Costa de Marfil como campeón. Esperemos que esta vez sea más bonita, más divertida para el aficionado al buen fútbol.

No hay comentarios:

Publicar un comentario