domingo, 8 de febrero de 2015

Un héroe completamente inesperado

Se repetía la final de 1992 entre Costa de Marfil y Ghana. En aquella ocasión fueron Los Elefantes quienes se alzaron campeones por primera vez en su historia, y última hasta el día de hoy. Y, cosas del destino, las similitudes entre ambas finales no fueron pocas. Empate (0-0) tras los 90 minutos, mismo resultado tras el tiempo extra y final dramático tras una larga tanda de penaltis que alzó campeón a la misma selección que en el 92. Una tanda que también nos dejó un héroe completamente inesperado, pero de eso ya hablaremos más adelante.
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Tanto Renard como Grant salieron con los onces esperados. No hubo ninguna sorpresa, conocedores de lo mucho que había en juego. Al final Asamoah Gyan se recuperó a tiempo, como era de esperar, para el partido más importante en la historia reciente de Ghana tras aquella eliminación ante Uruguay, y Jordan Ayew se cayó del once respecto a la semifinal contra Guinea Ecuatorial. Y desde el primer momento fueron los ghaneses quienes mostraron un mayor atrevimiento, por lo que llegaron con más frecuencia ante la portería marfileña. De hecho cerca estuvieron de adelantarse con un gran disparo de Atsu, uno de los jugadores más activos a lo largo del encuentro, pero el balón se estrelló en el palo. La primera parte fue un dominio constante por parte de Ghana, que dispuso de las mejores ocasiones, sin llegar tampoco a ser muy claras, y apenas sufrió en defensa ante una Costa de Marfil que no lograba asentarse nunca en campo contrario y en la que ni los carrileros, habitualmente muy ofensivos, llegaban con asiduidad. En eso tuvo mucho que ver el hecho de que Yaya Touré, la pieza entorno a la que gira este equipo, volviera a pegar un bajón en su nivel y se pareciera más al Yaya del partido inaugural que al de semifinales o cuartos de final. El jugador del City, que ha completado un torneo pésimo, dio una imagen de pasotismo sobre el terreno de juego increíble. Lo único que evitó que Costa de Marfil se partiera en dos, hecho que habría sido clave en el desarrollo del partido, fue el despliegue físico realizado por Serey Die. El nuevo jugador del Stuttgart corrió lo que le correspondía, también lo que le tocaba a Yaya, y logró equilibrar a su equipo haciendo de "hombre escoba".

Onces iniciales del encuentro. (Foto: sharemytactics.com)

En la segunda parte Costa de Marfil comenzó a tener mayor protagonismo en ataque, pero aun así lo mejor llegaba por parte de Ghana. Y más concretamente, por parte de Christian Atsu. El jugador del Everton, igual que en los dos encuentros anteriores, fue el más activo en los 90 minutos. Cada vez que encaraba a Tiéné o Kanon en banda aparecía una sensación de peligro que ningún otro jugador lograba transmitir. Pero no solo encaraba, sino que también bajaba a recibir de espaldas para dejar de primeras y al momento atacar la espalda del jugador que salía con él. Se podría decir sin ningún problema que Atsu fue el MVP de la final e, incluso, del torneo. Pero Ghana no encontraba el gol, y eso mantenía viva a Costa de Marfil. Una Costa de Marfil, que como ya hemos dicho, comenzó a tener mayor presencia ofensiva. Aurier, desaparecido en el primer tiempo, volvió a ser esa amenaza constante por el carril diestro que venía siendo en los partidos anteriores. Sería él el protagonista de las dos acciones más peligrosas de Los Elefantes en todo el encuentro, que serían dos centros laterales en la recta final del tiempo reglamentario ante los que Razak no estuvo fino y generó ciertas dudas. Al final los resolvió bien la defensa ghanesa, y la cosa no llegó a más.
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Se había merecido ganar Ghana a lo largo de los 90 minutos, pero se llegó a la prórroga. Prórroga en la cual serían de nuevo Las Estrellas Negras las que dominaron un partido que se rompía cada vez más según iban pasando los minutos. También dispondría de sus acercamientos Costa de Marfil por medio de Gervinho, pero el jugador de la Roma cometió errores en los metros finales ya fuera en controles o toma de decisiones que impidieron finalizar esas jugadas con un disparo a puerta. Corría el tiempo, seguía el empate y los penaltis cada vez se encontraban más cerca. Ambos entrenadores realizaron cambios enfocados a dichos lanzamientos, siendo el más llamativo la sustitución de Gervinho en el último minuto del tiempo extra. La final seguía el guión del 92: empate y tanda de penaltis, pero esta vez hubo un final con el que nadie contaba antes del comienzo del partido. Después de que Costa de Marfil remontará una desventaja inicial de dos tantos en la tanda -falló incluso Tallo, a quien Renard dio entrada con el fin de disponer de mejores lanzadores-, en el momento en el que un fallo era decisivo la efectividad de ambos conjuntos mejoró considerablemente. Por el medio hubo un pequeño espectáculo del guardameta marfileño, que fingió una lesión antes del lanzamiento de Andre Ayew y, después de que el del Marsella marcara, reconoció con una risa que había sido un simple 'truco' para intentar engañar al atacante. Así se llegó al momento en el que saltaron a escena los porteros, Razak y Copa, para lanzar un penalti cada uno tras la máxima igualdad vivida y una pequeña interpretación teatral. En teoría era más sencilla la situación del ghanés, por el hecho de lanzar primero y no contar con la presión de saber que había hecho su rival, pero fue quien peor se manejó en esta situación. Pararía Copa el lanzamiento del portero del Mirandés y, acto seguido, marcó el suyo haciendo gala de una tranquilidad digna de un delantero. Después de ser suplente a lo largo de todo el torneo y tener que debutar en la final debido a la lesión de su compañero, pasó a la historia de su país al detener dos lanzamientos y anotar otro. Copa fue un héroe completamente inesperado.

Copa, un héroe completamente inesperado.

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