Mauricio Isla fue la figura del primer encuentro de cuartos de final de esta edición.
También fueron un espejismo los primeros minutos de Uruguay, en los cuales presionó la salida de balón chilena y en más de una ocasión recuperó la posesión en posiciones peligrosas. Pero con el paso de los minutos fueron retrasando líneas y adoptando una posición mucho más conservadora. Y así fue como, poco a poco, Chile empezó a crecer en el partido hasta llegar a un punto de dominio absoluto. Los de Sampaoli arremetían una y otra vez contra la defensa uruguaya, muy metida en su área, y fruto del embotellamiento sufrido en el interior sus ataques casi siempre acababan por las bandas -sobre todo por el costado derecho, con un superlativo Isla- y con centros laterales. Pero Chile, con Alexis y Vargas como delanteros, no contaba con un jugador que pudiera inquietar por alto a la pareja formada por Godin y Giménez, quienes volvieron a completar un encuentro soberbio. Para ello Sampaoli dio entrada a Pinilla en lugar de Marcelo Díaz, lo que fue una apuesta claramente ofensiva. Ya con un rematador en el campo, los centros chilenos continuaron y, tanto va el cántaro a la fuente, uno de ellos terminó encontrado recompensa. No en Pinilla, sino en Muslera. El guardameta uruguayo realizó una mala salida en la recta final del encuentro, igual que Bravo al comienzo, pero esta acabó por costarle la eliminación de su selección. La pelota le cayó en la frontal a Valdivia, que cedió para Mauricio Isla que, con el portero del Galatasaray todavía descolocado, anotó el tanto decisivo del encuentro.
El fútbol terminó haciendo justicia. Justicia a Chile, que lo buscó más y lo consiguió. Justicia a Sampaoli, porque su atractiva propuesta futbolística está cada vez más cerca de conseguir su recompensa en forma de títulos. Y justicia a Isla, uno de esos jugadores que rinde de una manera increíble con su selección y que luego en su club pasa sin pena ni gloria, al anotar el tanto que daba el pase a semifinales. Pero antes habría tiempo para la polémica, con expulsión de Edinson Cavani incluida. El atacante del PSG, con amarilla por una fuerte protesta al linier en el primer tiempo, calló en la provocación de Jara y vio la segunda cartulina. A partir de ese momento el partido se calentó en exceso, y hubo alguna que otra interrupción fruto de un enganchón entre jugadores de ambos combinados. Pero el caso Cavani no ha quedado en una simple expulsión, sino que la CONMEBOL ha entrado de oficio para estudiar la provocación, algo más que obscena, de Jara. Al jugador chileno se le ha abierto expediente y lo más seguro es que sea sancionado con entre uno y tres partidos.

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